Invierno de nieve perpetua, intenta enfriar
mis muñecas y que mis huesos no se descongelen.
Al menos me queda el consuelo de que nunca podréis
gritarme que no lo intenté.
Que no rehice mil veces el camino ya rehecho.
Y continué sin encontrar salida.
Que no peleé con el tiempo,
que intentó asfixiarme de monotonía, y
hacerme trizas la esperanza.
Que no busqué el cielo de ciento y una
maneras diferentes.
Pensaréis que no fui nada,
nada más allá de cenizas, polvo,
enredos y posos de té.
Yo contra el mundo,
El mundo contra mí.