viernes, 2 de octubre de 2015

Begin the end

El pasado tiene ganas de jugármela ésta noche.
Llama a mi puerta, y a pesar de intentar 
evitarlo al principio,
siempre acabo cediendo y dejando que se 
acomode a mi lado.
Nunca tiene bastante, no se encuentra saciado
hasta dejarme a mí exhausta. 
Me promete que sólo vendrá a acompañarme
un rato, a amenizar mi noche con sus historias.
Pero al fin y al cabo es un fantasma cabrón y mentiroso.
Viene y me sonríe, y comienza la función.
Empezando sutilmente, suavemente, sin que apenas
sea capaz sea notarlo. 
Siempre termina disparando sin piedad
una bala de plomo directa a mi cerebro.
Inyectada de dudas, de incertidumbre
sobre lo que soy, lo que es, y lo que podría haber sido.
Va extendiendo poco a poco una capa color ceniza
sobre todo mi cuerpo.
Llena de recuerdos que me conducen a la nostalgia
y al anhelo de volver a vivir aquellos puntales momentos.
Y aquí está el papel, harto de que le escupa 
mi oscuridad, 
mis remordimientos,
mis secretos y pasiones más oscuras.
Harto de tener que escuchar mi caos. 

martes, 22 de septiembre de 2015

Gente

Me gusta la gente que me hace pensar.
También la que me hace esperar de forma impaciente,
para luego recompensarme.
Me gusta la gente que hace que me replantee
el universo,
con sus nebulosas y agujeros negros incluidos.
Me gusta la gente que necesita la tristeza
de los días negros,
o la de unas pupilas que sufren en silencio.
Y me gusta la gente que sabe aguantar
el silencio con una mirada.
Y la que tiene algo que contar.
Pero aún más las que te cuentan historias
sin articular palabra.
La que no tiene miedo de subir hasta el cielo,
aunque sepa perfectamente que implique
estamparse contra el suelo después.
Me gustan los locos.
Me gustan las personas.
También me gustas tú.



lunes, 21 de septiembre de 2015

Aprendimos a buscarnos a tientas,
con los ojos vendados
y cerrados.
A refugiarnos en esquinas rotas,
y manchadas de duda.
Manchadas de incertidumbre,
de no saber si girar,
si continuar, si volver,
si luchar, si abandonar.
fuimos capaces de conectar
nuestros dedos en la más absoluta penumbra.
Tuvimos la cobardía de clavarnos
los colmillos a la luz de farolas,
bajo la mirada audaz de la luna.
Actuando como salvajes.
También tuvimos el coraje de intentar
escapar,
de intentar caminar sobre el horizonte,
para acabar llegando a ninguna parte,
y encontrar la frustración de ser incapaces
de saborear la libertad en plenitud.
Actuando como poetas locos.
Sólo anhelabamos volar, volar,
para llegar al mar y sumergirnos.
Y probablemente hacer el amor en el fondo.
A día de hoy sólo somos capaces de mirar con tristeza perpetua
las luces ruidosas de la ciudad.
Siempre nos quedará el ocaso.


jueves, 23 de julio de 2015

El  viento me ha ido susurrando canciones de paz utópica y esperanza al oído.
Me ha gritado que todo pasa, que lo bonito perdura y lo que un día te hizo llorar también,
pero que no te hará llorar amargamente nunca más.
Me abrazó y me consoló insistiendo en que el amor no dura para siempre,
que va y viene como la marea que te sumerge en sus lágrimas.
Hoy no es día de olvidar lo demás, no es día de dejarlo pasar al lado del olvido.
Pero si es día de pensar en el presente, de arañarte el paladar y decirte que te quiero, y que por ahora ni la estrella más brillante, ni el paisaje más anhelado, ni la sirena más bella y efímera, podrán cambiarlo.
Hoy es día de sonreír por los que han llegado.
Hoy es día de celebrar que hasta el mundo más etéreo puede ser nuestro con sólo conectar nuestros sistemas nerviosos.

miércoles, 17 de junio de 2015

Destino

Las cartas han sido arrojadas sobre la mesa,
nos controlan crueles e indiferentes a nuestros anhelos.
Con sus hilos de incoherencia,
clavados en nuestros omóplatos.
Nuestras rodillas fallan cuando ellas lo deciden,
nuestro corazón bombea cuando ellas así lo quieren,
nuestros labios arden cuando ellas lo necesitan.
Nos hemos caído y ahogado en un río
cuya corriente, incesable e incansable,
no nos dejará tomar aire jamás.
Nuestros pulmones nunca más podrán respirar.
Y entonces estaremos sublevados.
Encerrados en una espiral de hechos
que acontecen sin cesar,

y que queramos o no estarán más relacionados
de lo que nunca seremos capaces de adivinar,
y de admitir.
La casualidad más caprichosa e irreverente
tal vez haya sido que estés a mi lado.
Porque sabemos con certeza,
que nos vamos a marchar,
a marchitar cuando lleguen los rayos,
a perder en la inmensa marea alta.

Y que no podremos evitar rompernos
para siempre,
cuando el destino sienta el capricho,
de separar nuestras espaldas,
nuestros labios,
nuestras manos,
nuestros huesos,
y nuestras almas.


martes, 28 de abril de 2015

?

Te deslizas por las aceras,
buscando algún café sombrío donde
darle vida a tus peores sueños y mejores
pesadillas.
Las ramas de tus dedos se enredan con el agua
que fluye a tu alrededor.
Sientes el aire despertando tus sentidos,
abrazando tus rodillas.
Da igual si caes, no importa,
hacerte sangre, destrozarte.
Has sentido la ciudad palpitando al ritmo
de tu vertiginoso corazón, gritando en silencio
a tu lado.
Has visto tu alma separarse de tu parte
corpórea y volar.
Y sobrevolar los pájaros que chapotean
en el río,
la has visto caer en el más absurdo de los engaños,
la has visto enamorarse de cualquier camino que llevase al cielo
y de cualquier persona que pasase fugaz ante
tus pupilas.
Incluso la has pillado in fraganti intentando
alcanzar el firmamento de puntillas sobre
antenas parabólicas,
Lo efímero siempre es lo más durarero.

Desvaríos y calvarios.

Desvaríos como los que suponen el verte a mi lado,
el sentirte haciendo hogueras en mi espalda,
el ver las paredes sin tu olor o tu tacto.
Calvarios causados por ya no poder imaginarte.
Por tener frío y sentir los copos de nieve bailando
hacia la muerte en mi columna vertebral.
O por habitar una habitación inerte,
asfixiante, hiriente.
Al final la decisión es clara.
Prefieres ser un loco empedernido,
de ésos cuya sonrisa nadie puede descifrar,
a un ser sin alma.
Calvarios tan asfixiantes como ver tu rostro sin vida.
Entiéndeme, sigues vivo,
pero te hayas postrado ante la vida,
sin lanzarte al río de cabeza y hundirte sin miedo.
Sin visitar(me) los rincones que antes acostumbrabas
a llenar.
Desvaríos,
tan dañinos como comenzar a habituarse
a los callejones.
Empezar a ocultarse en la pálida y fría sombra,
a deambular.
Una función que se ha acabado, pero que intentamos
prolongar con la más infantil de las resignaciones.
Al final, sólo quedarán cenizas desperdigadas.

sábado, 28 de febrero de 2015

Yo contra el mundo.

Éste invierno se me hace largo.
Invierno de nieve perpetua, intenta enfriar
mis muñecas y que mis huesos no se descongelen.
Al menos me queda el consuelo de que nunca podréis
gritarme que no lo intenté.
Que no rehice mil veces el camino ya rehecho.
Y continué sin encontrar salida.
Que no peleé con el tiempo,
que intentó asfixiarme de monotonía, y
hacerme trizas la esperanza.
Que no busqué el cielo de ciento y una 
maneras diferentes.
Pensaréis que no fui nada,
nada más allá de cenizas, polvo,
enredos y posos de té.
Yo contra el mundo,
El mundo contra mí.


martes, 20 de enero de 2015

El bar de la peculiaridad

Era noviembre, aunque diciembre se asomaba titubeante por la esquina y comenzaba a amenazar.
La noche era oscura, densa, la niebla se apoderaba caprichosa de cualquier rincón.
Las 4 de la madrugada, en un callejón de mala muerte un antro mal iluminado con vodka barato y adultos jugando a matarse era lo único que permanecía abierto en aquella inmensa y asfixiante ciudad.
No sabía por qué estaba bebiendo, sola y rodeada de rostros fébriles, podridos, y a punto de descomponerse.
Nunca había sido ese tipo de persona.
Tal vez la única respuesta tangible era que en aquella ocasión la vida le había golpeado demasiado fuerte, dejándola fuera de combate.
Tan sumamente fuerte que ya no le importaba.
Se hallaba sentada en un taburete roído, con una mesita a punto de hacerse pedazos a la altura de sus rodillas.
Miraba su vaso cuando dos personas entraron, dos personas que llamaron inmediatamente su atención y que se sentaron relativamente enfrente suya,
Eran una pareja.
O tal vez no.
Lo que era claramente evidente es que no eran personas convencionales (de esas que te encuentras en la cola de un supermercado y a las que sonríes plácidamente).
Les pidió un cigarrillo.
La invitaron a quedarse un rato, mirándola como un camello a un yonki, como quien le da morfina a un enfermo.
Comenzaron a hablar de fantasía, de cometer atrocidades tales como ir a la luna y volver en lo que dura la muerte de una mariposa.
Nunca volvieron a verla en la ciudad.