jueves, 27 de noviembre de 2014

Una nueva página en blanco.

Una nueva historia que puede (re)escribirse.
Porque no puedo dormir sin que estés.
Porque sé que me observabas cuando desenredaba
mis enredos,
con ese nerviosismo tan característico.
O cuando flotaba por la calles y pensaba
que el mundo estaba contra mí.
Yo te veía cuando luchabas contra las paredes
intentando recuperarte a ti misma.
Y también esas veces que te encendías una batalla
perdida a las 2 a.m, ponías música y te recuperabas del destrozo.
Y mágicamente eras feliz.
Tal aquello era la utopía jamás soñada.



Después de tantos años luz, tantos planetas descubiertos,
tantas fronteras cruzadas.
Se encontraron.
Se miraron con nerviosismo,
sin querer admitir que se estaban viendo (y mucho más 
allá de lo físico).
Se observaron lentamente en un segundo.
Sus párpados revelaban lo que dolía.
Se fue.
y dos segundos más tarde comenzó a buscarlo paranoicamente
por la ciudad.


lunes, 13 de octubre de 2014

Sobre cómo romper corazones y reglas.

Éramos seres atómicos,
éramos supersónicos,
e invencibles.
Y simplemente porque nos lo creíamos.
Éramos superhéroes de nosotros mismos,
nuestros propios y únicos salvadores.
Creíamos con total certeza que éramos
átomicos.
Y eso, que nunca fuimos de átomos.
Siempre fuimos más de improvisaciones,
de sexo en teatros abandonados,
dónde ya el único espectáculo éramos nosotros,
y los espasmos de nuestros cuerpos.
Tampoco fuimos de agendas, ni de
calendarios.
Era muchísimo mejor el perder la noción
del tiempo entre copas de champán barato.
Podría decir, que estar contigo era como
acostarse entre mantas y levantar con el calor
endulzado del mes de agosto.
Y pensábamos que éramos invencibles.
Rompiendo toda y cada una de las reglas,
re-inventándolas, más bien.
Tan al límite, tan viviendo en esa burbuja
que nos estallaría en las narices de un momento
a
otro.


Y la única conclusión que se podría sacar,
de dos personas tan caóticas, tan al precipicio,
es que las cuerdas podridas acaban rasgándose,
y que nadie sobrevive eternamente a la ventisca.



jueves, 18 de septiembre de 2014

Se dejó el pelo suelto para dormir.
Dejó que la almohada se abrazara a sus cabellos
cobrizos,
su pelo oxidado por la lluvia del adiós.
Durmió con el pelo suelto,
y dejó que la osa menor se llevase
todas sus inseguridades a dar una vuelta
y las hiciese más seguras.
Dejó que la brisa del amanecer le susurrara      
sus andanzas al oído.
Dejó que el sol, que salía por el este,
victorioso y férreo, la deshelase.
Dejó que Cassiopeia,
sin su Momo,
se le asomase al pecho y velara su sueño.
Aquella noche se dejó el pelo suelo,
como gritando libertad, como diciendo
que se había descongelado, que había
salido de su letargo.
Se dejó el pelo suelto a la hora de dormir.
Y todo fue mejor.


jueves, 21 de agosto de 2014

Fuego.

Jugamos con mecheros llenos de más de cien
notas de rencor.
Jugamos con hogueras, hogueras avivadas
por nuestros choques de mirada.
Creamos abismos en el mismísimo infierno,
con nuestros suspiros de despedida.
Nos atrevimos con calderas ardientes,
ardientes de deseo.
El tipo de calderas que tienen todas las brujas.
Y, lo más brujo, siempre será tu espalda.
Y por atrevernos, hasta intentamos jugar
con nosotros mismos.


Porque hemos jugado con el fuego de todas las formas,
habidas y por haber.
Y de tanto jugar, nos quemamos las entrañas,
y acabamos consumidos.


lunes, 11 de agosto de 2014

Musa imaginaria nº12.

Realmente, no se me ocurre ninguna manera ''bonita'' o ''poética'' de comenzar éste texto, sólo es uno más de cientos, uno más de esos en los que hablo conmigo misma sobre alguna chica imaginaria de la que parece que estoy enamorada. Mi musa imaginaria número 12. Por llamarla de algún modo.


Era bonita, eso es algo que nunca nadie podrá discutir,
algo que nunca nadie podrá negar.
Ya eran decenas los que se habían perdido
en sus mechones sueltos y, ¿por qué no decirlo? : revueltos.
Era bonita hasta cuando era taciturna,
hasta cuando hablaba de las demencias ocurridas
en las cumbres de su paladar.
Era bonita hasta cuando lloraba,
cuando tenía los labios tan agrietados
y secos, que solo mil poesías,
mil canciones tristes, mil chupitos de tequila,
podían reanimarla.
Era bonita hasta cuando tarareaba aquella melodía,
aquella jodida melodía tan enfermiza.
La absurda melodía de su pelo aferrándose a su cuello sudoroso.
También la veías bonita cuando la notabas
entre tus piernas, como un lobo en plena luna llena,
buscando amor, calor, y ser salvaje por un rato (o una noche entera).
Cuando te rozaba con los dedos, y te tranformaba,
en su as de picas.
En su carta más valiosa, su truco más sucio.
Era bonita cuando te abrazaba diciéndote adiós,
porque siempre abrazaba como despidiéndose,
al fin de cuentas, creía firmemente  que a cada saludo,
más amenazaba el olvido.
Era bonita porque no tenía término medio,
porque nunca tuvo el placer de conocer el gris,
porque su vida siempre fue en blanco y negro.
Y cuando más bonita me pareció,
fue cuando me enseñó a distinguir de lo irreal y lo real.
Cuando consiguió devolverme mis cuerdas (flojas).
Contra las venas de su cuello, siempre era más fácil morir.

martes, 8 de julio de 2014

A un ápice de colisionar.

Suponte que somos dos
tranvías newyorkinos
a punto de colisionar.
Suponte que van a saltar a chispas,
que vamos a incendiar la ciudad,
¡Qué diablos la ciudad, el mundo!
Suponte que ya no le interesan
los cuentos de hadas ni los príncipes.
Que ha aprendido que dejarse
caer es más divertido, y más letal.
Ímaginate que ya no necesita caricias,
que tal vez prefiera bailar a lo rock n' roll,
que prefiera perderse en sí misma,
y volver descalza a la luz del alba.
Suponte que mis costillas se me clavan,
que están a punto de estallar.

Suponte que estoy a un ápice de convertirme
en llamas y arder.
También de rajarme el pecho con todos los versos
manchados de amor y miradas hacia la luna.
Suponte que te necesito.


Colapsame.

Os traigo un grito desesperado,
un quejido desgarrador,
un aullido de necesidad en plena madrugada.
Cuando sólo los que tienen algún 
asunto pendiente,
consigo mismos, siguen despiertos.
Es una protesta férrea,
escrita en paredes por no poder ser gritada.
Es una súplica,
una necesidad,
como el enfermo enganchado
a los tranquilizantes.
Como el enamorado adicto a la morfina
de sus labios.  
Algo tan básico, tan elemental,
como la luz del sol.
Colapsame.
Colapsa el aire de mis pulmones,
 los nervios de mi cuello,
desprende mi retina.
Destrozame, hazme un lío, colapsame.



miércoles, 25 de junio de 2014

Atisbo de optimismo.

Por lo que somos, por lo que seremos, por lo aprendido, por lo que nos queda por aprender.
Por los que vinieron, y se fueron. Por los que quedan por venir, por nosotros, por ti, por mí, por vosotros,
por ellos.
Vengo a traeros una pizca de optimismo, un simple pero complejo atisbo de luz.
Nadie sabe lo que es vivir hasta que no se ha cruzado de frente con un rayo de sol.
Ninguno de nosotros sabemos de amor, si nunca nos hemos arrancado la piel por otra persona cuando tenía frío, y se la hemos ofrecido a modo de abrigo.
Creemos en mentiras publicitarias, en noticias falsas y en San Valentín.
Estúpido.
Por todo aquello que echamos de menos.
Hasta el punto de recordarlo cada noche.
Por todo aquello bueno que vendrá, no sabemos que será, pero lo hará.
Vendrá y saldremos de ésta, saldremos de ésta, lo sé.
Ahora que el frío y la tormenta nos ha calado.
Ahora que llega el verano, y que creemos que no seremos capaces de descongelarnos,
ahora que estamos hundidos, y que pensamos que no volveremos a salir a flote.
Sí, lo haremos, nos descongelaremos,
saldremos a flote,                                                                                                                                      
y podremos volver a permitir que la luz del sol nos atonte,                                                                      
podremos hundirnos en el mar con una sonrisa despreocupada.
Hoy saldremos a buscar, nuestra historia, nuestro sitio.
Hazme una señal cuando saltes al vacío.
Haz que tu voz se escuche, crea terremotos con tu alegría.
Invita a los náufragos a bailar hasta quemar el horizonte.
Lo superaremos.
Lo sé.





viernes, 20 de junio de 2014

A su oscuridad

                                                                  Le gustaba la soledad.
El tipo de soledad que encuentras en una taza de café a las 3 a.m.
Cuando tus pensamientos chillan tanto,
que eres incapaz de concebir el sueño.
Le gustaba la tragedia.
El tipo de tragedia que habita en un vaso de vodka.
Cuando los remordimientos y las heridas (no)cerradas,te
te nublan los iris oculares.
Le gustaba la indiferencia.
Esa indiferencia que forma parte del humo de un cigarro.
Cuando las adversidades se van hundiendo
poco a poco en tu pecho.

Le gustaba el sol,
el sol que contiene un día de marzo.
Le gustaba la oscuridad.
Esa oscuridad que guardaban sus ojos
cuando el infierno se apoderaba de ella.
Y sin embargo, a la vez, al mismo tiempo,
le temía a la oscuridad.
A su oscuridad.

viernes, 13 de junio de 2014

Hasta despertar.

Reventarse la cabeza cientos de veces
contra los raíles, y aún asi,
nunca quedar satisfecho.
Clavarse hielo en la piel caliente,
que escuece, pero alivia. Al igual que tú.
Oxidar nuestros engranajes
con alguna canción pegadiza de blues.
Puede que el oxidarnos, nos haga sentirnos más reales.
Buscar ansiosos anclarnos a
nuestros huesos bajo la ropa.
Hablar con los suicidas largo y tendido,
tras habernos tirado por las ventanas,
rotas, hechas añicos.
Rodearnos de fuego y ascuas.
Quedarnos con las cenizas
del pasado,
en las yemas de los dedos.
Saltar desde los acantilados 
de nuestros cuellos.
Deshacernos con jazz lento.
Y así, hasta despertar.

martes, 3 de junio de 2014

Sucumbir.

Todos necesitamos ese rayo que nos parta en dos.
Que nos haga añicos y nos dé fuerzas
para luchar.
Todos necesitamos en ocasiones, sucumbir.
Liberarnos y desatarnos de las culpas
que se anclan a nuestro cuello.
Y venderle nuestra alma al mismísimo caos.
Cuando somos niños nos enseñan a evitar el desorden
nos dicen que debemos ser ordenados y tenerlo todo siempre bajo control.
 Pero vamos, seamos sinceros, todos sabemos
que lo más bonito es el desorden desordenado de nuestros nudillos.
Todos necesitamos momentos caóticos,
momentos únicos que nos desordenen.
Para volver a encontrarle el sentido
a  éste cóctel molotov llamado vida.
Y volver a ordenarnos.
Todos necesitamos sentir el riesgo de la pasión,
florecer en nuestro pulso,
y habitar en nuestra vena aorta.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Poema 104.

Sé perfectamente que cuando regreses
tendrás ganas de leer.
Por eso te escribo ésto,
el poema 104.
Mi cúspide, tus costillas.
Sé perfectamente que cuando vuelvas
tendrás ganas de beber.
Por éste motivo, voy comprando
una botella de ginebra por cada semana
que deberías estar aquí y no lo estás.
Sé perfectamente que cuando vuelvas
a quererme,
querrás enredar mis terminaciones nerviosas,
con tus hombros,
también que se te antojará apretarme los muslos,
y arañarme la cintura.

Y por todos estas cosas ilógicas,
el poema 104 habla de todo lo que deberías
haberme dado y no me distes.
De todo lo que tenemos pendiente.
El poema 104 está algo quemado y manchado.
De café y lágrimas.
El poema 104 es una oda a todas tus catástrofes.

viernes, 16 de mayo de 2014

Espejos y espejismos.

Comenzó a reflejarse en
el lago de su propia mente.
¿Espejo o espejismo?
Quizás ambos.
Todo era oscuro, dotado de una belleza soberbia.
Una belleza tímida, callada, cruel.
Poseía el decadentismo más alto que nunca había visto.
Pero ése era mi lugar.
Orden de desahucio en Mi menor,
marcada a fuego en mi zona epitelial.
Espejos rotos en algún lugar de mi corazón,
suenan y se esparcen cuando me recuesto sobre ellos.
Espejismos adheridos en algún lugar de mi cerebro,
se disuelven y me burlan cuando intento sacármelos.
''Hasta un reloj roto da la hora correcta dos veces al día''.
Somos asintomáticos.

Limbhad

Una milésima parte de un simple tercio de un segundo me es suficiente.

Allí donde el frío es arte,
todos son etéreos.
Allí donde el alba te sonríe.
Allí donde las farolas son ninfas.
Donde el sol nunca acaba
con la vida de la cálida nieve.
Y la primavera chilla al llegar.
Allí donde las sirenas siguen seduciendo a los necios.
Allí no hay nada,
porque allí está todo.


Metamorfosis asimétrica.

Ayer la lechuza volvió a deambular en el balcón.
A contarme historias de hielo y fuego.
Ha vuelto a petrificar las yemas de mis dedos,
a enredarme el pelo con la lluvia
de sus grisáceas plumas.
A pintarme los labios con niebla.
Hoy, la lechuza ha vuelto a hacerme
cleptómana de cristales clavados
a fuego lento en mi pulmón derecho.
Hoy, la lechuza ha querido ser como Kafka,
y hacer de mí, su propia metamorfosis.

 


domingo, 4 de mayo de 2014

Luna sangrienta.

La muerte solía danzar a sus anchas,
en sus iris de nieve y fuego,
y cuando te sonreía sabías de sobra
que tenías que ir escribiendo tu epitafio.
Se abría las venas delante de tus ojos.
Y enfebrecía con cada melodía.
Como cuando el mediodía llegaba
y decía que prefería vagar de noche,
para atormentar a los mortales con su aturdidora belleza.
Cuando lloraba engañaba a la luna,
y cuando ésta le prestaba su ayuda,
la apuñalaba y se bañaba en su sangre.


Aquel día de cierto mes de otoño,
la hallaron muerta al borde de la acera,
''Se tiró del balcón'' dijeron.
Aunque algunas voces,
siguen comentando que solo fue una venganza,
de la luna sangrienta.

Sophie

Aquella mañana de entradas de primavera,
Sophie no fue capaz de terminarse
sus 12 tazas diarias de café solo.
Su sombra se materializó a su lado y sonrió.
''¿Te quedan pastillas para no soñar?'' le dijo.
''¡Vete!'' gritó Sophie, ¡No eres nadie!
''En eso te equivocas, pequeño trozo endiablado'' sonrió burlona;
''Soy tú misma, es decir, nada''.


Las medias irrompibles cada vez están más rotas y cuando se rompan solo quedará el vacío.



jueves, 24 de abril de 2014

Bang.

''Era madrugada cuando supe que ya nada más me ataba allí''.

Un neón a media vida parecía recitar una monótona melodía tras su cabeza.
Iba a reventar.
Todo lo que conocía reventaría en cuestión de horas.
Retuvo el aire en sus pulmones durante exactamente cinco segundos y medio.
Derribó la puerta y consiguió llegar a la gran explanada de adoquín rojo.
La terraza.
El viento comenzó a batir su pelo, convirtiéndolo en un mar completamente embravecido y furioso.
Estaba acostumbrada a que le dijeran que su gran virtud siempre fue su propia libertad.
Siempre había sido errante.
Por eso quizás siempre había sentido ese sentimiento asfixiante cuando intentaba atarse a algo fijo. 

''¿Cómo puedes darme todo, sabiendo lo que soy, solo una bomba errante y confusa?''

Tú haces grande todo lo que soy.
Comenzó a llover, una persona más o menos normal habría salido despavorida impulsada por el deseo de huir de la lluvia.
Y ella, empezó a bailar mientras su tez se humedecía.
Y ella solo tenía ganas de reír.
De un modo u otro era libre y única.
Había conseguido el deseo de todo ser humano simplemente siendo ella misma.
Comenzó a explotar todo a su alrededor.
Comenzó a llenarse el aire de colores que la bañaban convirtiéndola en el más rebelde arco iris.
El apocalipsis llegó y vistió todo con un aire nuevo.
¿Estaría soñando? En cualquier caso, había llegado su turno.
Bang.






domingo, 20 de abril de 2014

Ruleta rusa.

La noche nunca perdona,
ni olvida.
Pasiones de piel levantada.
Otoños crueles y sanguinarios.
Porque ya no sé que es mejor.
Si la ruleta rusa,
el harakiri,
o el olvido.
Reventarme los sesos
con una de tus miradas,
o rajarme el éstomago,
con uno de tus besos.
La oscuridad es recíproca.

Selene (3º y última parte)

Nota al lector:
El nombre del blog y el textito que está al principio de este salieron de este poema, ya que irónicamente, esta 3º  parte fue la primera que escribí.



Y mi mundo cambió drásticamente
cuando entró en mi vida.
Aún decoro mis madrugadas
con preguntas, al pensar en ella.
¿Qué inusual magia guardaba tras sus orejas?
Aquella chica,
a la que le gustaban todos los días de la semana.
Cuando me susurraba que todos
eran bonitos, 
con una carcajada y alguna canción.
Ella, que me cogía de la mano,
y me contaba los eclipses de sus caderas.

Ella, que me sonreía
mientras observaba mi boca,
y luego salía corriendo.
Ella, que me decía,
que el secreto estaba en la (in)diferencia.
Nunca logré adivinar si sonreía
porque era demasiado triste,
o si lloraba porque era
demasiado feliz.
  

Y en una semana consiguió,
darle la vuelta a mi cabeza.
Ella, que siempre iba con las pupilas
alborotadas,
y los pies en los cráteres lunares.
Ella, que llovía sobre si misma,
con la nostalgia de las comisuras
de sus labios.
Recuerdos etéreos de aquellas veces
en la que la oía escaparse al alba,
simplemente por ver a los pájaros,
despertar.
Esa niña de ojos desilusionados,
y sonrisa tenue.
Cuya bendita locura me llevó a mí a la mía.
A esta locura enfermiza, que no puedo superar.

Sin ella.



Drogadicción.

La noche acechaba, ella, como cada día tras la puesta de sol, se adentraba en la oscura y apagada inmensidad de la ciudad.
Se sumergía en aquel universo del que ya no podía huir.
No había vuelta atrás, no habían miradas de remordimiento al camino ya hecho.
Vendería su existencia por un gramo de coca.
Aquel mundo multicolor en el solo algunos algunas almas son capaces de entrar.
Caminaba sola por la ciudad.
Observaba con detalle cada rincón, cada esquina, cada paso que daba en aquella lúgubre urbe.
Ciertamente, ella nunca estaba sola, siempre iba acompañada de aquel fantasma que amenazaba con matarla de algún exceso.
Ese fantasma manifestado en pastillas, o en aquel famoso polvo mortífero.
Ella, 
cada noche,
salía con sus ojeras apagadas y su sonrisa cansada.
Ella,
cada noche,
salía en busca de alguna sobredosis con la que acabar con su vida.



jueves, 10 de abril de 2014

La rosa suicida.

La rosa suicida,
crecía nostálgica entre
las vías del tren.
La rosa suicida nacía
tras mi tobillo,
cuando llegaba el frío.
La rosa suicida,
ansiaba morir entre los dedos,
del poeta.
Y en cambio volvía a la vida,
cuando escuchaba sus delirios
nocturnos.
La rosa suicida quería marchitarse,
sobre la boca del loco.
Quería deshacerse de sí misma
y hacer volar sus pétalos,
en la ventisca.
Y la rosa suicida,
nunca murió.


Descomposición de lo macabro.

Vuelan nuestras cenizas
sobre París.
Las gárgolas nos observan
con la certeza,
de que seremos sus próximas presas.

Y en algún rincón en penumbra,
un borracho cae al suelo ensangrentado.

¿Quién nos salvará este plenilunio?
Sangre.
Olor a putrefacción.
La descomposición de lo macabro
no es más que una partitura quemada,
de mí misma,
y de las gárgolas de Notre Dame.


Cuerpos demoníacos,
y sonrisa infernal.
¡Gárgolas!


miércoles, 2 de abril de 2014

Ni a nuestra mente.

En la cuerda floja,
y a la vez en lo más alto.
Desprecié los rascacielos desde siempre,
solo quieren imitar a los pájaros.
Vigésima hora del día.
Anochece.
Y vuelven a resurgir las cenizas en mi piel.
''Nadie es dueño de su locura''.
Me escribió hace algún solsticio.
Y que razón tenía.
Ya no poseemos ni a nuestra propia mente.



viernes, 28 de marzo de 2014

Selene (parte 2)

Estaba sentada en la cuneta,
aguardando su destino en el asfalto,
me llamó la atención su pelo electrificado,
y su piel rota.
Le dije : ''sube, preciosa'' ,
y ya nada volvió a ser lo mismo.
''Solo te quería para un polvo, quizás dos''.
Pero te anclaste a mi lado,
mirándome con esa cara,
de ''No saldrás de ésta y lo sabes''.
Y entonces vi los rayos de sus labios.
Y me di cuenta, de que eras de ese tipo de canciones
que la gente escucha bajo la lluvia,
cuando no tiene paraguas.
Rara.
Vibrante.
Como esas melodías,
que producen escalofríos en la nuca.
''Eres mi escalofrío favorito'',
''Mi axioma preferido'',
le escribí en los omóplatos a la noche siguiente.
Ahora Selene se ha ido,
ya no está.
Y la luna se ríe de mí,
como lo hacía ella cuando decía que me había enamorado.

  


Y soy yo el que está necesitado de su olor.
El que sueña despierto con la tormenta de su pelo.
Quién lo diría.

Confusa.

Quebrantadora de constelaciones,
creadora de escalofríos,
confusa.
Saltadora de estrellas,
transeúnte de océanos,
Toxicómana de tus costillas.

viernes, 21 de marzo de 2014

Selene (parte 1)

La vi apoyada en el balcón,
risueña y pensante,
hablando sola sobre estrellas,
riéndose del mundo.
Riéndose de mí.
Con su sonrisa cosida de tristeza.
Nunca supe si me quería.
Tal vez no.
Pero era perfecta.
Y en ese instante, era mía.

Efímeros.

Los más madrugadores rayos de sol comienzan a romper la oscuridad y a traspasar las ventanas,
infectandome de luz y calor. Al fin y al cabo estamos en los retales del verano, es septiembre, ah, septiembre.
Tan efímero como nuestro amor noctámbulo, 
tan efímero como el maullar de un gato a la media luna,
tan efímero como la metamorfosis de un gusano a mariposa,
tan efímero como un buen libro,
como un buen día,
como una buena sonrisa,
como un buen beso de despedida.
Tan efímero como el tiempo,
 que va transcurriendo sin que apenas nos percatemos de ello.
Tan efímero como la infancia,
la adolescencia,
la juventud,
y la vejez.
Tan efímero como la vida misma.

lunes, 17 de marzo de 2014

Rose. La chica pregunta.

Rose,la chica más curiosa que jamás sentí sobre mi piel.
La chica pregunta.
Ya que siempre yacía una sobre sus labios.
Aquella quimera solitaria de ojos verdes; que preguntaba el por qué de todo.
''Algún día dejarás de preguntarlo'' le pronosticaron.
Y no se equivocaron,
así fue.
Y fue justo aquel día,
cuando la tercera lluvia de octubre,
le azotó la nuca,
le enfrió el pecho,
y causó revuelo en su corazón.
Con 16 besos anclados a sus muñecas,
Rose comprendió.
Y fue, en cierto modo,
un día trágico.
Ya que Rose entendió las cosas ilógicas,
inexplicables, incomprensibles.
Como que ella misma era onírica,
simplemente un simple sueño.
Rose soy yo.
Rose eres tú.
Rose somos nosotros, vosotros, y ellos.


Verte amanecer.

Hoy vengo para verte amanecer. Para verte florecer. Para ver nacer las flores  en tus párpados. 
¿Para qué creer en Dios, si Dios no cree en nosotros?
 Absurdo, como la mayoría de cosas en este mundo avaro.
 Hoy vengo en paz, pero voy a darte guerra.
 He apaciguado mi infierno por algunas horas, como excepción, y vengo a pecho descubierto a que tú me crees el infierno. 
Muérdeme, muérdeme, prefiero morir entre tus dientes que morir de cualquier otra forma.
 Quiero verte nacer. 
Hablan de apocalipsis y eso que nunca te han sentido entre sus piernas.
 En una mirada puedo dártelo todo y a la vez arrebatártelo. 
Al fin y al cabo los ''te quiero'' acaban perdidos entre cartas incendiadas y ascuas de madrugada.
La historia se repite.
Yo, convirtiéndote en palabras en la madrugada del miércoles.
 Hoy he decidido que esto era lo más importante, hacerte palabras, y aullarte al oído.


sábado, 15 de marzo de 2014

Contradicción.

Contradicción llamó a mi puerta, y yo ingenua le abrí. 
Ahora contradicción soy yo.
Tan vacía y tan llena, tan hecha jirones, y tan fuerte.
Tan feliz, y tan presa de ese pánico abrupto.
Tan contradicción que ni yo misma entiendo lo que soy.
Tan yo, tan nada, tan todo, tan nadie.
Tan luz, tan oscuridad, tan verano, y tan invierno.
Estoy hecha de piezas rotas que aún buscan el engranaje adecuado para empezar a funcionar y arreglarse,
Quizás ese sea el problema, la búsqueda.
La búsqueda de aquello que me falta, para dejar de ser contradicción.
Y empezar a ser golondrina, para chillarle a la primavera.




miércoles, 5 de marzo de 2014

La luz que quería ser oscuridad.

El crepúsculo comienza,
a engullir la ciudad.
La eterna batalla,
entre luz y oscuridad.
Comienza la función.
Y yo,
impasible,
veo enmudecer,
a los rayos solares,
que atravesaban mis manos.
¡Ya relucen las farolas! 
Con su luz fluorescente,
artificial,
monótona.
Y yo, suspiro.
Anhelando que se apaguen,
que se callen.
Para que la luna,
me haga suya.
Mezclarme,
con el cosmos,
y convertirme en astro.
Fundirme.
Como el chocolate.
O como yo,
cuando me rozas.

domingo, 2 de marzo de 2014

La noche en la que dejé de volar.

Aquella fue la noche,
en la que dejé de volar.
Sonaba ''La Valse D' Amelie''
en un viejo y olvidado,
tocadiscos.
Aquella noche,
rompí mi promesa a la escarcha,
y descosí con palabras,
de poesía,
mis frágiles alas.
'Y enloqueció tanto,
que murió,
de su propia locura,
deseando,
volar de nuevo',
susurró gritando en mi boca.

martes, 25 de febrero de 2014

Copenhague.

A Vetusta Morla.
Gracias.

El valor para marcharse,
el miedo a llegar.
Perdámonos en Copenhague.
Huyamos.
Juntemos nuestras piezas rotas,
quizás encajen.
Seamos cobardes,
en manos del destino.
Simples títeres,
cuyos hilos,
sean las horcas del mañana.
Y es que dejarse llevar,
suena demasiado bien.
La adrenalina infectando,
cada ápice de tu cuerpo.
Tus sentidos,
enloquecidos,
recorriendo cada rincón de Copenhague. 
Y que la niebla nos guíe.
Seremos como gatos,
gastando poco a poco,
nuestras 7 vidas.
O de golpe, 
tú eliges.
Y a dentelladas furiosas,
nos hallaremos en la penumbra.
En Copenhague.

lunes, 24 de febrero de 2014

Lo(c/b)os.

Ven, que ya hace algunas lunas llenas desde que me he convertido en un animal nocturno.
El invierno corroe mis mejillas,
y juega a su antojo,
con mi cabello.
Mírame,
¿No ves que estoy pasando frío?
Por ti.
¡Jodida loca!
Hablando enmudecida,
con los aullidos de los lo(c/b)os.
¡Los lobos también están locos!
Les aullaban a la luna,
desesperados y extasiados.
Y entonces,
se olvidaba de esos grados,
bajo cero,
que calaban sus muñecas.
Y meditaba,
sobre lo bonito que sería,
convertirse en lobo,
y aullarle a la noche,
las miles de cosas,
que echaba de menos.
No habría mucha diferencia.
Al fin y al cabo,
era lo que llevaba haciendo,
interiormente,
todas esas lunas.
Tan llenas,
y a la vez,
tan vacías,
como ella.

domingo, 23 de febrero de 2014

El arte del caos.

Poseía el don de convertir el orden,
en caos.
La calma,
en braveza.
Lo estable,
en psicótico.
Pasaba por sus vidas veloz,
imparable,
fugaz.
Y sin embargo,
conseguía descolocarlos a todos.
Era huracán,
era lluvia tropical,
era mar en oleaje.
¡También era rayos!
¡También Relámpagos!
¡Y truenos!
Y todo a la vez.
Negadlo,
si queréis,
Pero en el fondo,
sabéis,
que el caos,
también es bonito.
Que el caos,
también es arte.



Primera lluvia de verano.

Mientras la ciudad lloraba,
ella caminaba por las callejuelas,
A la vez que oía a la lluvia,
suicidarse contra los adoquines ceniza.
Y permitía que las lágrimas de la ciudad,
la calaran.
Es más,
cuando las gotas se acumulaban,
caprichosas sobre sus hombros,
era cuando más viva se sentía.
''Como quién respira por primera vez''
Así lo definía.
Y danzaba,
cabalgaba a sus anchas, 
a través del silencio húmedo.
Se subía a cada gota (O lágrima),
que discurría por su tez.
Pero la mejor sensación,
sin duda,
era cuando el llanto de la ciudad,
se mezclaba con el suyo propio.