Porque no puedo dormir sin que estés.
Porque sé que me observabas cuando desenredaba
mis enredos,
con ese nerviosismo tan característico.
O cuando flotaba por la calles y pensaba
que el mundo estaba contra mí.
Yo te veía cuando luchabas contra las paredes
intentando recuperarte a ti misma.
Y también esas veces que te encendías una batalla
perdida a las 2 a.m, ponías música y te recuperabas del destrozo.
Y mágicamente eras feliz.
Tal aquello era la utopía jamás soñada.
Después de tantos años luz, tantos planetas descubiertos,
tantas fronteras cruzadas.
Se encontraron.
Se miraron con nerviosismo,
sin querer admitir que se estaban viendo (y mucho más
allá de lo físico).
Se observaron lentamente en un segundo.
Sus párpados revelaban lo que dolía.
Se fue.
y dos segundos más tarde comenzó a buscarlo paranoicamente
por la ciudad.





















.jpg)


