domingo, 20 de abril de 2014

Drogadicción.

La noche acechaba, ella, como cada día tras la puesta de sol, se adentraba en la oscura y apagada inmensidad de la ciudad.
Se sumergía en aquel universo del que ya no podía huir.
No había vuelta atrás, no habían miradas de remordimiento al camino ya hecho.
Vendería su existencia por un gramo de coca.
Aquel mundo multicolor en el solo algunos algunas almas son capaces de entrar.
Caminaba sola por la ciudad.
Observaba con detalle cada rincón, cada esquina, cada paso que daba en aquella lúgubre urbe.
Ciertamente, ella nunca estaba sola, siempre iba acompañada de aquel fantasma que amenazaba con matarla de algún exceso.
Ese fantasma manifestado en pastillas, o en aquel famoso polvo mortífero.
Ella, 
cada noche,
salía con sus ojeras apagadas y su sonrisa cansada.
Ella,
cada noche,
salía en busca de alguna sobredosis con la que acabar con su vida.



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