En la cuerda floja,
y a la vez en lo más alto.
Desprecié los rascacielos desde siempre,
solo quieren imitar a los pájaros.
Vigésima hora del día.
Anochece.
Y vuelven a resurgir las cenizas en mi piel.
''Nadie es dueño de su locura''.
Me escribió hace algún solsticio.
Y que razón tenía.
Ya no poseemos ni a nuestra propia mente.

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