''Era madrugada cuando supe que ya nada más me ataba allí''.
Un neón a media vida parecía recitar una monótona melodía tras su cabeza.
Iba a reventar.
Todo lo que conocía reventaría en cuestión de horas.
Retuvo el aire en sus pulmones durante exactamente cinco segundos y medio.
Derribó la puerta y consiguió llegar a la gran explanada de adoquín rojo.
La terraza.
El viento comenzó a batir su pelo, convirtiéndolo en un mar completamente embravecido y furioso.
Estaba acostumbrada a que le dijeran que su gran virtud siempre fue su propia libertad.
Siempre había sido errante.
Por eso quizás siempre había sentido ese sentimiento asfixiante cuando intentaba atarse a algo fijo.
''¿Cómo puedes darme todo, sabiendo lo que soy, solo una bomba errante y confusa?''
Tú haces grande todo lo que soy.
Comenzó a llover, una persona más o menos normal habría salido despavorida impulsada por el deseo de huir de la lluvia.
Y ella, empezó a bailar mientras su tez se humedecía.
Y ella solo tenía ganas de reír.
De un modo u otro era libre y única.
Había conseguido el deseo de todo ser humano simplemente siendo ella misma.
Comenzó a explotar todo a su alrededor.
Comenzó a llenarse el aire de colores que la bañaban convirtiéndola en el más rebelde arco iris.
El apocalipsis llegó y vistió todo con un aire nuevo.
¿Estaría soñando? En cualquier caso, había llegado su turno.
Bang.

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