Sé perfectamente que cuando regreses
tendrás ganas de leer.
Por eso te escribo ésto,
el poema 104.
Mi cúspide, tus costillas.
Sé perfectamente que cuando vuelvas
tendrás ganas de beber.
Por éste motivo, voy comprando
una botella de ginebra por cada semana
que deberías estar aquí y no lo estás.
Sé perfectamente que cuando vuelvas
a quererme,
querrás enredar mis terminaciones nerviosas,
con tus hombros,
también que se te antojará apretarme los muslos,
y arañarme la cintura.
Y por todos estas cosas ilógicas,
el poema 104 habla de todo lo que deberías
haberme dado y no me distes.
De todo lo que tenemos pendiente.
El poema 104 está algo quemado y manchado.
De café y lágrimas.
El poema 104 es una oda a todas tus catástrofes.
Y quizás si me sumerjo en los cráteres lunares de tu espalda conseguiré que la noche se vuelva eterna.
miércoles, 21 de mayo de 2014
viernes, 16 de mayo de 2014
Espejos y espejismos.
Comenzó a reflejarse en
el lago de su propia mente.
¿Espejo o espejismo?
Quizás ambos.
Todo era oscuro, dotado de una belleza soberbia.
Una belleza tímida, callada, cruel.
Poseía el decadentismo más alto que nunca había visto.
Pero ése era mi lugar.
Orden de desahucio en Mi menor,
marcada a fuego en mi zona epitelial.
Espejos rotos en algún lugar de mi corazón,
suenan y se esparcen cuando me recuesto sobre ellos.
Espejismos adheridos en algún lugar de mi cerebro,
se disuelven y me burlan cuando intento sacármelos.
''Hasta un reloj roto da la hora correcta dos veces al día''.
Somos asintomáticos.
el lago de su propia mente.
¿Espejo o espejismo?
Quizás ambos.
Todo era oscuro, dotado de una belleza soberbia.
Una belleza tímida, callada, cruel.
Poseía el decadentismo más alto que nunca había visto.
Pero ése era mi lugar.
Orden de desahucio en Mi menor,
marcada a fuego en mi zona epitelial.
Espejos rotos en algún lugar de mi corazón,
suenan y se esparcen cuando me recuesto sobre ellos.
Espejismos adheridos en algún lugar de mi cerebro,
se disuelven y me burlan cuando intento sacármelos.
''Hasta un reloj roto da la hora correcta dos veces al día''.
Somos asintomáticos.
Limbhad
Una milésima parte de un simple tercio de un segundo me es suficiente.
Allí donde el frío es arte,
todos son etéreos.
Allí donde el alba te sonríe.
Allí donde las farolas son ninfas.
Donde el sol nunca acaba
con la vida de la cálida nieve.
Y la primavera chilla al llegar.
Allí donde las sirenas siguen seduciendo a los necios.
Allí no hay nada,
porque allí está todo.
Allí donde el frío es arte,
todos son etéreos.
Allí donde el alba te sonríe.
Allí donde las farolas son ninfas.
Donde el sol nunca acaba
con la vida de la cálida nieve.
Y la primavera chilla al llegar.
Allí donde las sirenas siguen seduciendo a los necios.
Allí no hay nada,
porque allí está todo.
Metamorfosis asimétrica.
Ayer la lechuza volvió a deambular en el balcón.
A contarme historias de hielo y fuego.
Ha vuelto a petrificar las yemas de mis dedos,
a enredarme el pelo con la lluvia
de sus grisáceas plumas.
A pintarme los labios con niebla.
Hoy, la lechuza ha vuelto a hacerme
cleptómana de cristales clavados
a fuego lento en mi pulmón derecho.
Hoy, la lechuza ha querido ser como Kafka,
y hacer de mí, su propia metamorfosis.

A contarme historias de hielo y fuego.
Ha vuelto a petrificar las yemas de mis dedos,
a enredarme el pelo con la lluvia
de sus grisáceas plumas.
A pintarme los labios con niebla.
Hoy, la lechuza ha vuelto a hacerme
cleptómana de cristales clavados
a fuego lento en mi pulmón derecho.
Hoy, la lechuza ha querido ser como Kafka,
y hacer de mí, su propia metamorfosis.

domingo, 4 de mayo de 2014
Luna sangrienta.
La muerte solía danzar a sus anchas,
en sus iris de nieve y fuego,
y cuando te sonreía sabías de sobra
que tenías que ir escribiendo tu epitafio.
Se abría las venas delante de tus ojos.
Y enfebrecía con cada melodía.
Como cuando el mediodía llegaba
y decía que prefería vagar de noche,
para atormentar a los mortales con su aturdidora belleza.
Cuando lloraba engañaba a la luna,
y cuando ésta le prestaba su ayuda,
la apuñalaba y se bañaba en su sangre.
Aquel día de cierto mes de otoño,
la hallaron muerta al borde de la acera,
''Se tiró del balcón'' dijeron.
Aunque algunas voces,
siguen comentando que solo fue una venganza,
de la luna sangrienta.
en sus iris de nieve y fuego,
y cuando te sonreía sabías de sobra
que tenías que ir escribiendo tu epitafio.
Se abría las venas delante de tus ojos.
Y enfebrecía con cada melodía.
Como cuando el mediodía llegaba
y decía que prefería vagar de noche,
para atormentar a los mortales con su aturdidora belleza.
Cuando lloraba engañaba a la luna,
y cuando ésta le prestaba su ayuda,
la apuñalaba y se bañaba en su sangre.
Aquel día de cierto mes de otoño,
la hallaron muerta al borde de la acera,
''Se tiró del balcón'' dijeron.
Aunque algunas voces,
siguen comentando que solo fue una venganza,
de la luna sangrienta.
Sophie
Aquella mañana de entradas de primavera,
Sophie no fue capaz de terminarse
sus 12 tazas diarias de café solo.
Su sombra se materializó a su lado y sonrió.
''¿Te quedan pastillas para no soñar?'' le dijo.
''¡Vete!'' gritó Sophie, ¡No eres nadie!
''En eso te equivocas, pequeño trozo endiablado'' sonrió burlona;
''Soy tú misma, es decir, nada''.
Las medias irrompibles cada vez están más rotas y cuando se rompan solo quedará el vacío.
Sophie no fue capaz de terminarse
sus 12 tazas diarias de café solo.
Su sombra se materializó a su lado y sonrió.
''¿Te quedan pastillas para no soñar?'' le dijo.
''¡Vete!'' gritó Sophie, ¡No eres nadie!
''En eso te equivocas, pequeño trozo endiablado'' sonrió burlona;
''Soy tú misma, es decir, nada''.
Las medias irrompibles cada vez están más rotas y cuando se rompan solo quedará el vacío.
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