A contarme historias de hielo y fuego.
Ha vuelto a petrificar las yemas de mis dedos,
a enredarme el pelo con la lluvia
de sus grisáceas plumas.
A pintarme los labios con niebla.
Hoy, la lechuza ha vuelto a hacerme
cleptómana de cristales clavados
a fuego lento en mi pulmón derecho.
Hoy, la lechuza ha querido ser como Kafka,
y hacer de mí, su propia metamorfosis.

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