El viento me ha ido susurrando canciones de paz utópica y esperanza al oído.
Me ha gritado que todo pasa, que lo bonito perdura y lo que un día te hizo llorar también,
pero que no te hará llorar amargamente nunca más.
Me abrazó y me consoló insistiendo en que el amor no dura para siempre,
que va y viene como la marea que te sumerge en sus lágrimas.
Hoy no es día de olvidar lo demás, no es día de dejarlo pasar al lado del olvido.
Pero si es día de pensar en el presente, de arañarte el paladar y decirte que te quiero, y que por ahora ni la estrella más brillante, ni el paisaje más anhelado, ni la sirena más bella y efímera, podrán cambiarlo.
Hoy es día de sonreír por los que han llegado.
Hoy es día de celebrar que hasta el mundo más etéreo puede ser nuestro con sólo conectar nuestros sistemas nerviosos.