El crepúsculo comienza,
a engullir la ciudad.
La eterna batalla,
entre luz y oscuridad.
Comienza la función.
Y yo,
impasible,
veo enmudecer,
a los rayos solares,
que atravesaban mis manos.
¡Ya relucen las farolas!
Con su luz fluorescente,
artificial,
monótona.
Y yo, suspiro.
Anhelando que se apaguen,
que se callen.
Para que la luna,
me haga suya.
Mezclarme,
con el cosmos,
y convertirme en astro.
Fundirme.
Como el chocolate.
O como yo,
cuando me rozas.
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