Los copos intangibles de la envidia
caen sobre nosotros. Y queman.
Las ilusiones de los niños son brillantes durante el día.
Encendidas, inevitables.
Cuando los rayos se retiran moribundos,
se tornan grisáceas y aprensivas.
Nos dejamos asfixiar,
y llenamos las calles de impulsos irracionales.
Las sombras, queridos amigos,
se esconden
tras las esquinas.
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