Las ausencias se me hacen inmarcesibles.
Cúlpame.
Cúlpame por no saber sacar las conclusiones
de mi pecho,
por no saber identificar el fin de mis actos,
por no poder clavarle unas tijeras al olvido,
por no saber cerrar ciclos.
(Es todo culpa de la falsa libertad que me dieron los pájaros)
Cúlpame por la incoherencia
que se apodera de mi cuerpo,
por no poder actúar como un títere más
de éste juego mortal.
Cúlpame por el desastre,
por dejarme acunar tan asiduamente
por las luces de neón.
Mátame.
Mátame por las noches a oscuras
que he tejido con mis dedos,
cuando el pensamiento del fin
me invade la mente y la espina dorsal.
Mátame por la arrogancia,
por no saber lo que es la calma,
por vivir en lo más profundo del ciclón,
en su vórtice,
observando la destrucción que me rodea.
Por querer tener mis manos y mis labios
perpetuamente llenos.
Ámame.
Ámame porque me arrancaré la piel a tiras
cuando la ventisca te azote,
Ámame porque dejaré que bebas
de mis lágrimas,
porque invadiré todos los planetas,
porque inmolaré mis huesos junto al sol
para que puedas ser libre
y para que por fin puedas mostrar
tu piel cuarteada sin pudor.
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