El sol hoy no ha querido ponerse.
El atardecer ha sido inexistente.
-siento que hay una cuerda
rasgada en mi garganta-.
Los edificios con sus heridas del tiempo,
blancos y bajos,
se aletargaban bajo aquello
denso y atrapante.
-no sé que es, pero me aterra-.
Hay una escapada entreabierta.
Reinan un silencio y un viento leves,
ambos dominantes, ambos susurrantes
ambos estremecedores.
Se intuye un olor penetrante
a algo quemado,
a algo que ya se arrojó por el balcón,
a algo que ya terminó.
Todo está sucumbiendo
al miedo incicatrizable.
-tengo miedo de aquello que
las nubes no me dejan apreciar-.
Hay sombras difusas allí.
Resonó el disparo en mi paladar,
al fin y al cabo acababa de asesinar
intencionadamente a mi cordura.
No hay comentarios:
Publicar un comentario