jueves, 17 de noviembre de 2016

¿Y si...?

¿Y si fuéramos valientes?
no tendríamos miedo a recorrernos
con los dientes, 
no nos importaría besar nuestros
entumecidos párpados,
que vuelan como colibrís
nerviosos y ajetreados,
porque tienen miedo. 
Y podríamos recordarnos
sin temer la llegada 
de la espesa tormenta.

Y podríamos entrar en nuestras entrañas,
con las pupilas rasgando la laguna Estigia.
Y podríamos arañarnos el lomo 
como salvajes que nunca han conocido
civilización alguna. 
Y a dentelladas desharíamos 
la manzana,
el pecado carnal, 
sin reparar en el castigo
que aguardarían nuestros costados. 

¿Y si tuviéramos valor? 
Creeríamos como niños
en el amor. 
Y navegaríamos
entre los acordes
dejando que nuestro alma
se convirtiese en sol menor,
en esa melodía,
que tanta paz traería. 

Y la pureza, la pureza de mirarnos, de vernos a través de nuestros ojos, no nos asustaría, y podríamos desnudarnos y despojarnos de aquellas interrogantes, que como carcomas hambrientas, 
consumen nuestro cerebro. 
Y visitar los caminos, observando y callando, guardando las piedras del viaje en nuestro interior, que habrá alcanzado el nirvana. 

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